Un equipo de astrónomos alemanes puso en funcionamiento el pasado abril un telescopio de construcción propia operado por un programa de inteligencia artificial, con el objetivo de estudiar los resplandores y oscurecimientos que ocurren con frecuencia en la superficie de la Luna y que hasta ahora no han podido ser explicados por la ciencia.

Estos cambios de luminosidad observados en el satélite natural de nuestro planeta reciben el nombre de fenómenos lunares transitorios y se conocen desde los años 1950. Por lo general, consisten de pequeñas regiones que emiten luz de tono rojizo o rosado y a veces de apariencia destellante o fluida.